jueves, 9 de abril de 2009

Era un día como los de siempre, pero ella tenía ya algo en mente cuando subió al colectivo dirigiéndose a la casa de su amor. Sabía perfectamente que le dolería, que no sería lo mismo la vida sin él, pero la cosa no daba para más. Nada era como antes, siempre había algo que se oponía: desde peleas hasta algún "intruso" que provocaba que "esa casita que con tanto esfuerzo y dedicación construían se derrumbara fácilmente", como si ellos no tuvieran la fuerza ni el amor necesario como para mantenerla en pie.
Llegó a su casa y, como de costumbre, saludó a su perra, esta vez pensando que sería la última vez que lo haría. "No hay nadie en casa", él le dijo, "pasá a la habitación que yo te doy el vaso diario de agua!" y largaron juntos una carcajada. Se sentó en donde siempre lo hacía: su cama de plaza y media, y mientras esperaba su vaso de agua, pensaba en cómo le diría las cosas y cómo haría para no flajear mientras lo decía. "Acá está lo pedido pincesa" fue lo que la interrumpió. Con cara amargada le dijo que venía sólo y simplemente para decirle algo importante.
"Extrañaré el aroma a café, tus payasadas, tus besos y abrazos, tu patio y tu cama, pero hace bastante que estamos mal, amor. Lo mejor es que nos separemos". Él la miró perdidamente y se le cruzaron todos esos buenos momentos que pasaron juntos. Sus ojos rojos dejaron caer las lágrimas que no había pensado dejar caer jamás, pero en ese momento nada las pudo detener. "Nunca pensé que este momento llegaría pince, nunca pensé que sentiría la tristeza y el dolor que siento en este momento. ¿Por qué no luchás por lo que querés? ¿Tan fácil te rendís?". Con la cabeza gacha y tratando de contenerse para no quebrar una vez mas frente a él, le dijo que ya estaba cansada que cosas malas se interpusieran en su camino, que no quería lastimarse ni lastimarlo más. "No quiero que esto termine amor, hace el esfuerzo por ambos" él insistió.
Pero la desición estaba tomada. Ella le dio su media medalla, y le dijo: "fue tu regalo para el año, quiero que te lo quedes".
Después de un beso profundo y afectuoso como esos que no se olvidan nunca caminó hacia la parada de colectivo llorando, sabiendo que nunca más estarían juntos y esperando encontrar a otro chico grandioso como él lo era y rogando que la misma historia no se repita.